10.3.16

Copy and paste VII

10/03/2016

Yesterday i was doing the dishes y de repente me vino un recuerdo nostálgico.
Como casi siempre que recuerdo algo y no lo escribo en ese momento se me olvidó casi todo lo que pensé, pero recuerdo que se sentía como cuando pones una vieja canción que te remonta diez o muchos años atrás, curiosamente de cuando lavaba trastes hace diez años en aquel mismo lugar.
En aquella ocasión la cucaracha que fue a parar al fregadero en el mismo momento en que derramaba jabón sobre los vasos fue desafortunada pero despertó en mí el asco suficiente como para continuar derramando más jabón.
¿Por qué en aquel momento no sentí asco por sentir cierta satisfacción cuando las patas del animalejo empezaron a filtrarse por la rendija del lavabo?
Ayer volví a recordar ese momento porque el aro que rodea el orificio del fregadero es blanco, y me perdí en los pensamientos teniendo como punto fijo aquel aro blanco que me retrocedió a diez años o más atrás. Y recordé ese sentimiento de "placer" mentiroso, una especie de triunfo sobre algo que nunca pudo defenderse. Creo que en ese momento hasta le eché la culpa por quitarme la mía al haberle matado en aquel lugar.

***
Desde hace cuatro días mi teléfono celular no tiene crédito suficiente para enviar mensajes de cualquier tipo.
Pensé que iba a ser molesto porque normalmente me aburro mucho en el trabajo y mi fuga es ver una y otra vez fotos de personas ajenas y cercanas, tristes o sonrientes y volver a comentar "cómo estás, qué haces, qué tienes" y promesas de encuentros que no sucederán.
Tedio y más tedio. Lo que me sorprendió es que no ha sido así. No me he sentido ansiosa por el celular, más bien un tanto incómoda porque casi todos se des encuentran allí. Ayer miré el cielo y siempre tengo el mismo asombro de verlo tan azul y tan rosado.
Me reía un poco al mirar el cielo tan azul. Siempre he hecho lo mismo. 
Quizás es porque desde niña he estado enamorada del cielo y del sol, de las nubes y del espacio.  O quizás fue porque no había ansiedad. 

****
Hoy pasó un hombre de unos 40 años junto a mi escritorio. Alto, no muy delgado y no muy gordo. Blanco, con barba de candado y cabello café claro y canoso. De lentes cuadrados y marco negro.
Llevaba un suéter claro que resaltaba su tez blanca, pantalones de mezclilla que le hacían lucir desgarbado pero juvenil.
Lo vi porque tenía que pasar junto a mí para ir hacia su destino, cuando alcé la mirada de la computadora vi que me vio. Por instinto y a fuerza de hábito, desvié la mirada y me concentré en la pantalla.
Cuando pasó junto a mí, noté que se me quedaba viendo un poco más mientras caminaba rápidamente.
No me sentí cohibida, es que siempre que veo a alguien atractivo que se acerca "mucho" o me observa bien o de reojo, desvío la mirada y procuro no parecer interesada, casi diría yo que el rechazo es evidente.
Me auto entrené de esa forma. La gente atractiva nunca ha sido amable o buena conmigo; sin embargo, a fuerza de tratar con ciertas personas a lo largo de mi vida, he convivido con este tipo de gente y aprendí cómo hablar y comportarme, así fue como desarrollé ese rechazo consciente no "tan" grosero. 
Cuando volvió a pasar junto a mí, el hombre volvió a mirarme de reojo y pasó rápidamente. 
Esta vez no quité la mirada, pero él ya se había ido.

*****
Hay un momento en el día en el que los comentarios sobre equis o lle personajes dentro del ambiente laboral se hacen imprescindibles.
Tanto así que no los catalogamos como "chismes" sino como expresiones de malestares más fuertes y que despiertan emociones como odio, amor, hilaridad, curiosidad y desprecio. Una oficina es un cúmulo de tiras de guitarra, cuando tensas una las demás hacen eco y cuidadito si una está desafinada porque las demás se enterarán y  no se quedarán calladas, siempre esperarán el momento de susurrar ese pequeño detalle que hace de una oficina un avispero en busca del próximo enemigo, amigo, persona, cosa, objetivo.

Bad people, bad, bad.

***
Azul. Amor. Vaca. Toro. Sueño raro.

No hay comentarios: