There´s so much disappointment right now.
8.7.13
2.7.13
Querido bló-g
Dice el susodicho que debería escribir mis panchoaventuras con los taxistas.
Y sí lo he hecho. Quizás no en este blog pero sí en el anterior. Donde había escrito tantas crónicas, incluyendo la cuernavafóbica. Lo borré en un impulso de loquera, de malas decisiones y de impulsos cortos como suele suceder cuando una está enferma de la no sensación, de ira, de rebeldía, del no querer saber o no querer construir ningún nivel de cordura mental. Es esa puta bipolaridad, pensamientos que rayan en la locura y que sólo son fracciones de segundos antes de comprender en dónde estoy, qué me rodea y a quién estoy viendo o qué es lo que estoy haciendo.
No comprendo.
Justo ahora estoy en una etapa en la que no comprendo por qué desconfío tanto de estas personas, si se supone que me están tendiendo la mano, ¿por qué siento su apatía?, ¿su resentimiento?, ¿su rechazo?
A veces creo que he desarrollado mucho más mi susceptibilidad, ese sexto sentido o bien mi sentido brujil durante el tiempo en el que he estado ahí. No sé por qué. Muchas de las veces me siento perdida y no entiendo de qué hablan o por qué actúan de una u otra forma.
Aunque haya una respuesta para cada reacción suya, a veces creo que no me hallo o no encuentro un reflejo, o esa respuesta no me es suficiente y le puedo encontrar otra respuesta que no es esa, sin afán de parecer vana u orgullosa; y sí, sí hay cariño y a veces, su respaldo; pero es como lo que siempre han estado diciendo: si ellos dan, ellos quieren que yo de.
Y así ha sido, y realmente me doy. Mis fallas, mis errores, no son con ellos o adrede, pero no puedo dejar de ser humana, convivo y me rodeo y quizás esos errores son mucho más fuertes para ellos, porque siento el juicio al que me someten, cómo me observan, los saludos y abrazos sin interés y automáticos, sin sentimientos, huecos, vacíos. Como yo. A lo mejor es eso. Que estoy recibiendo lo que tengo dentro. Puta soledad e infinita tristeza. Puto vacío que no tiene llenadera. ¿O acaso seré una exagerada?
Mi historial con los taxistas es largo e intenso. Tan intenso que de estos hombres he obtenido mucha de mi experiencia en el ámbito sexual. Son unos cabrones hijos de la chingada que saben qué es lo que hacen y qué es lo que quieren. Porque su desidia y loquera sentados detrás del volante es muchísima. Porque generan más ideas perversas de las que uno pensaría en movimiento. Pero ya después las cuento, cuando no ande tan conmiserada y apendejada con los síntomas de la irritación, con mis consecuencias de los malos hábitos y del puto y bendito insomnio.
Y sí lo he hecho. Quizás no en este blog pero sí en el anterior. Donde había escrito tantas crónicas, incluyendo la cuernavafóbica. Lo borré en un impulso de loquera, de malas decisiones y de impulsos cortos como suele suceder cuando una está enferma de la no sensación, de ira, de rebeldía, del no querer saber o no querer construir ningún nivel de cordura mental. Es esa puta bipolaridad, pensamientos que rayan en la locura y que sólo son fracciones de segundos antes de comprender en dónde estoy, qué me rodea y a quién estoy viendo o qué es lo que estoy haciendo.
No comprendo.
Justo ahora estoy en una etapa en la que no comprendo por qué desconfío tanto de estas personas, si se supone que me están tendiendo la mano, ¿por qué siento su apatía?, ¿su resentimiento?, ¿su rechazo?
A veces creo que he desarrollado mucho más mi susceptibilidad, ese sexto sentido o bien mi sentido brujil durante el tiempo en el que he estado ahí. No sé por qué. Muchas de las veces me siento perdida y no entiendo de qué hablan o por qué actúan de una u otra forma.
Aunque haya una respuesta para cada reacción suya, a veces creo que no me hallo o no encuentro un reflejo, o esa respuesta no me es suficiente y le puedo encontrar otra respuesta que no es esa, sin afán de parecer vana u orgullosa; y sí, sí hay cariño y a veces, su respaldo; pero es como lo que siempre han estado diciendo: si ellos dan, ellos quieren que yo de.
Y así ha sido, y realmente me doy. Mis fallas, mis errores, no son con ellos o adrede, pero no puedo dejar de ser humana, convivo y me rodeo y quizás esos errores son mucho más fuertes para ellos, porque siento el juicio al que me someten, cómo me observan, los saludos y abrazos sin interés y automáticos, sin sentimientos, huecos, vacíos. Como yo. A lo mejor es eso. Que estoy recibiendo lo que tengo dentro. Puta soledad e infinita tristeza. Puto vacío que no tiene llenadera. ¿O acaso seré una exagerada?
Mi historial con los taxistas es largo e intenso. Tan intenso que de estos hombres he obtenido mucha de mi experiencia en el ámbito sexual. Son unos cabrones hijos de la chingada que saben qué es lo que hacen y qué es lo que quieren. Porque su desidia y loquera sentados detrás del volante es muchísima. Porque generan más ideas perversas de las que uno pensaría en movimiento. Pero ya después las cuento, cuando no ande tan conmiserada y apendejada con los síntomas de la irritación, con mis consecuencias de los malos hábitos y del puto y bendito insomnio.
27.3.13
18.1.13
18.5.12
Le vent nous portera
Hay situaciones en las que no creo o transformo lo que creo que estoy pensando o hacia donde tengo que ir.
De hecho, alguna vez pensé que el destino que me estaba trazando no era tal, que sólo era algo que se había creado para que yo pudiese tener un lugar al cual ir o ese algo al que yo tuviese que llegar.
Como si se hubiese creado para que yo pudiese vivir y transformar, ese algo que era un placebo para que avanzara sin que yo sospechara nada.
Como un cascarón prefabricado de una vida ya horneada y cocinada para que yo me la comiera.
A veces me siento así, como alguien que se está comiendo una galleta con forma de vida.
No siempre me siento así. Es sólo que a veces los ciclos me cuestan más que a otras personas.
A veces desearía pensar de una manera normal, no perderme tanto en esas pequeñas inquietudes que hacen que mi realidad alterna creada y adornada sea la más idónea para no poder perderme otra vez en las otras historias.
Es algo así: creándome o inventando esas historias o realidades o sueños eternos es la fuga que necesito para no encarar que estoy haciendo algo que ya he soñado o creado, necesito bajarme a la realidad - a la verdadera- creando estas historias para no vivir en el sueño presente del que siempre me estoy rodeando.
Me desdoblo en tres, cuatro o cinco distintas yo para poder decirle a la sexta o séptima, la que que está "afuera" lo que debe de hacer y/o no y sí sentir.
Y sé, que son contadas las ocasiones en las que todas al unísono sabemos qué hacer y qué decir.
Me gustaría ser más normal. No pensar las cosas que pienso.
No sé dónde perdí el hilo de lo que se supone sería yo.
Si fue a los diez años cuando sucedió lo que sucedió.
Si fue a los siete cuando no entendí por qué pasaba el tiempo así.
O si fue a los diez y nueve cuando me topé con otra verdad.
O aquella vez a los quince, o aquella otra a los doce, y esa otra a los veintidós y veintiseis...
O si fue...en todos esos nudos de una historia que nunca llegó al clímax del desenlace final.
Yo no lo sé.
Me gustaría no tener miedo a nada. Desearía volverme a encontrar.
Me extraño.
Y quizás, lo que extraño, es saber que quien era, era más bien diferente, la que todos señalaban. Perhaps, mi deseo es dejar las apariencias... ¿será entonces que mi deseo es realmente dejar de tratar de aparentar ser normal?
I don´t know.
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1.2.12
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