Cada vez que Juana se sentaba en la parte posterior del autobús, (audífonos puestos y libro en las manos), deseaba secretamente que el sujeto que estuviera sentado justo detrás de ella, le tocara el hombro, la hiciera voltear y la comenzara a besar.
Por supuesto, era absurdísimo. Vivía mil y mil veces la primera línea del capítulo uno de la novela rosa que estaba leyendo, hasta que toda la parte trasera del autobús se vaciaba, quedando solamente, por supuesto, ella y aquél sujeto, a quien Juana, secretamente le mandaba mensajes telepáticos, "anda, no pasa nada" y también, "no me importa que no nos conozcamos de absolutamente ninguna parte" además, "que tú seas un asesino en serie y yo una loca demente psicópata", y él, "... sólo dame un beso."
Mostrando entradas con la etiqueta tales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tales. Mostrar todas las entradas
23.3.09
12.2.08
Aba
Ese día todo mundo se quejaba.
El jamón insistía en que su destino siempre era el mismo: acabar mortadela.
El tomate, derramando lágrimas, afirmaba que él sufría más porque le habían separado de su madre y hermanitos.
El enfurecido queso, en cambio, era todo un río: “es que yo no pedí ser queso”, exclamaba inconsolable.
“Al menos tú tienes forma”, espetaba la mayonesa indignada, “¡yo sólo soy una plasta!”.
“Pero si estás delgadísima”, decía la lechuga, verde de la envidia, y empezó a contar: “cuando yo era gorda…”,
“Dímelo a mi”, la interrumpió el aguacate, furioso, “con esa enorme bola tan pesada en el estómago”.
“Todos ustedes son unos quejumbrosos”, les riñeron las papas, “saladas y todo pero estamos protegidas por el gentil pambazo, él nos ha acogido a todos con cariño y aprecio”.
El pambazo, sonreía halagado.
“Juntos, no somos nada; con el pambazo, nos transformamos y somos más apetitosos”, decían las fritas papas.
Apenados, todos aclamaron al pambazo: le agradecían por su hospitalidad y buena voluntad.
El pambazo, complacido, ni un “aba” pudo conjugar: estaba a punto de dar su discurso cuando de una sola mordida le arrebaté las palabras de la boca. ¡aaaaaba! exclamaron y a mi estómago, feliz, todos fueron a dar.
Ai diu! ¿se nota que tengo hambre? xD
El jamón insistía en que su destino siempre era el mismo: acabar mortadela.
El tomate, derramando lágrimas, afirmaba que él sufría más porque le habían separado de su madre y hermanitos.
El enfurecido queso, en cambio, era todo un río: “es que yo no pedí ser queso”, exclamaba inconsolable.
“Al menos tú tienes forma”, espetaba la mayonesa indignada, “¡yo sólo soy una plasta!”.
“Pero si estás delgadísima”, decía la lechuga, verde de la envidia, y empezó a contar: “cuando yo era gorda…”,
“Dímelo a mi”, la interrumpió el aguacate, furioso, “con esa enorme bola tan pesada en el estómago”.
“Todos ustedes son unos quejumbrosos”, les riñeron las papas, “saladas y todo pero estamos protegidas por el gentil pambazo, él nos ha acogido a todos con cariño y aprecio”.
El pambazo, sonreía halagado.
“Juntos, no somos nada; con el pambazo, nos transformamos y somos más apetitosos”, decían las fritas papas.
Apenados, todos aclamaron al pambazo: le agradecían por su hospitalidad y buena voluntad.
El pambazo, complacido, ni un “aba” pudo conjugar: estaba a punto de dar su discurso cuando de una sola mordida le arrebaté las palabras de la boca. ¡aaaaaba! exclamaron y a mi estómago, feliz, todos fueron a dar.
Ai diu! ¿se nota que tengo hambre? xD
Etiquetas:
divagaciones,
tales,
zambomba
Suscribirse a:
Entradas (Atom)