23.3.09

Beso

Cada vez que Juana se sentaba en la parte posterior del autobús, (audífonos puestos y libro en las manos), deseaba secretamente que el sujeto que estuviera sentado justo detrás de ella, le tocara el hombro, la hiciera voltear y la comenzara a besar.
Por supuesto, era absurdísimo. Vivía mil y mil veces la primera línea del capítulo uno de la novela rosa que estaba leyendo, hasta que toda la parte trasera del autobús se vaciaba, quedando solamente, por supuesto, ella y aquél sujeto, a quien Juana, secretamente le mandaba mensajes telepáticos, "anda, no pasa nada" y también, "no me importa que no nos conozcamos de absolutamente ninguna parte" además, "que tú seas un asesino en serie y yo una loca demente psicópata", y él, "... sólo dame un beso."