Un plato de unicel con dos panes y un cuenco con agua, tres mandarinas, tres velitas, y dos botellas de vino con dos flores de cempazúchitl adentro.
Ayer mientras ponía el cuadro de Luna, el que me dibujó LV, empecé a llorarle. Y aunque quizá yo no haya sido la mejor amiga "cuidadora" del mundo, ella sí lo fue.
Ella me dio amor. Puro y perfecto amor. Era mi luna, mi amiga. Me escuchaba cuando lloraba y me toleraba cuando tenía mal humor. Con mi exacerbado gozo cuando la subía a mi colchón y la llenaba de besos y abrazos y se retorcía alejándose toda loquilla, lanzándome mordiscos, le encantaba. Me toleraba esa inestabilidad emocional, la mía y de mi familia.
Era única.
Quise una perruna de ella pero ella no quiso, pero ahora que lo pienso es posible que esa correspondencia de amor no hubiera podido darse si en nuestra casa hubiéramos tenido a otro perruno.
Ayer que puse el altar no entendí por qué lloraba tan amargamente.
Dos años sin Luna. Aún le lloro y le guardo un amor tremendo.
Creo que no sé qué esperar, pero por el añoro, allí está el pequeño altar.
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