Y el yo que habita ese cuerpo como conciencia de sí y de su temporalidad,
de su carácter finito, se diluye, se disuelve, en la angustia del placer, en el placer de la angustia: es la víctima del sacrificio en el que la unidad se alcanza."
Juan García Ponce
Las huellas de la voz
Las huellas de la voz